Ilustración Sally Nixon

Días de fea

Hace 40 grados a la sombra. Aquí y ahora me siento como una masa derretida que en algún momento se fundirá con la silla. A mi instante mutante se suma que tengo la regla, la barriguita hinchada cual pez globo, me pesan las piernas y un corrillo de granos adorna mi barbilla. Me siento fea.

Me miro al espejo y veo una película de terror. Empiezo a sacarme defectos como si la que viera en el reflejo no fuera la misma de hace una semana. <<Mis piernas están fofas, vaya celulitis, tengo las tetas como pasas, menudo careto….>>

Y salgo a la calle sintiéndome como un orco, cabeza gacha mientras arrastro los pies <<Por favor que nadie me mire>>.

¿Cómo puede ser que nos sintamos tan diferentes con nosotras mismas de un día para otro? ¿O de una semana a la otra?¿Tanto ha cambiado nuestro cuerpo? La respuesta suele ser NO, lo único que ha cambiado es nuestra manera de mirarnos y hablarnos.

En cómo nos percibimos a nosotras mismas influyen muchísimos factores además de nuestra condición física objetiva. Puedo tener un cuerpo que cumpla a la perfección los cánones de belleza establecidos y sin embargo estar a disgusto con él. Puedo tener un cuerpo 10 y tener Días de fea.

Con Días de fea me refiero a esos días o temporadas en los que a pesar de que no haya existido un cambio físico perceptible en ti pero te sientes a disgusto con tu cuerpo. Esos días en los que después de cambiarte 200.000 veces de ropa te sigues viendo mal. Cuando te da exactamente igual que los demás te digan que estás preciosa porque tú te sigues viendo feísima.

¿Te suele pasar? Puede que la mierda que estás viendo en el espejo sobre ti esconda en realidad una emoción que está presente en tu vida y que poco tiene que ver con tu peso, estrías o arrugas. A veces nos cuesta transitar por ciertas emociones como el miedo, la tristeza o la rabia porque las entendemos como negativas, así que las escondemos de manera inconsciente debajo del cuerpo.

De manera que si te miras en el espejo y sólo ves una montaña de cosas que mejorar físicamente, en vez de lanzarte como una loca a hacer un plan de dieta estricto para el carro y empieza a mirarte desde otro lugar.

Despégate del espejo, respira y observa cuál es tu contexto cuando aparecen los Días de fea. ¿Hay algo que te preocupa en tu vida? ¿Quizás estás siendo ultra-exigente contigo? ¿Quieres llegar a todo? ¿Estás desmotivada? ¿Estás triste? ¿Enfadada?¿Te sientes cansada? Tu cuerpo retiene, guarda y te recuerda esas emociones también cuando te miras al espejo. 

Por eso es tan importante darte el tiempo para escucharte y dejarte sentir, permitirte estar también en emociones difíciles, decir NO,  pintarte las uñas mientras lloras a moco tendido, gritar, bailar en bragas tu canción favorita. Sólo tú sabes lo que necesitas.

Los días de fea no se tapan con kgs de maquillaje 😉

Un abrazo,

Aizea

Ilustración portada: Sally Nixon

 

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