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Felices fiestas Ave Fénix: La navidad en la recuperación de un Trastorno de Alimentación

Quitas la etiqueta de tu nuevo vestido de terciopelo verde esmeralda, te pones tus pendientes de bolas doradas y te miras al espejo. Otra cena de navidad. Otro año más. Otra vez la mesa llena a rebosar de comida. Otro encuentro con la familia. Y ahí estás tú delante de tu reflejo, la misma pero diferente.

Ya ha pasado tiempo desde aquel infierno pero aún aparecen los fantasmas de la inseguridad. Oficialmente recuperada por fuera pero con un mar de dudas por dentro que se hacen grandes cuando se mezclan el pavo y los encuentros familiares.

Tu parte más cursi adora la navidad, desgañitarte cantando a lo Marey Carey “All I want for Christmas is youuu”, tragarte Eduardo Manostijeras por enésima vez consecutiva, ver la ciudad iluminada, visitar los mercaditos de navidad para comprar regalos bonitos y la cabalgata de los Reyes Magos (que sigues visitando cada año para pedirle a Baltasar que te traiga lo que has pedido).

Sin embargo, la navidad poco tiene que ver con esa idea que te vendieron de volver a casa como el anuncio del turrón. Las fiestas son 5 días de cenas y comidas compartiendo velada junto a personas que tú no has escogido. Los reencuentros hacen que las emociones, los recuerdos y vivencias aparezcan. Algunos encuentros son agradables y otros no tanto.

Y en medio de este mar de emociones ves la mesa llena a raudales de comida, esa que un día fue tu enemiga. Al mismo tiempo te miras sentada en tu sitio de cada año. Pero no eres tú, allí está el personaje con el que hasta ahora te habías identificado: la trabajadora, la madre, la débil, la peleona, la divertida, la seria, la responsable… Te das cuenta de que este año ya no te apetece ocupar ese lugar. Después de todo el camino recorrido, hoy te sientes diferente.

Da la sensación que durante estas veladas tenemos que ser seres de luz, completamente radiantes. Todo lo que has vivido a lo largo del año, también lo duro y crudo parece tener la obligación de evaporarse. Menuda presión la de tener transformarte en un ángel!!

Porque la realidad es que tú no eres un ángel, no eres una diosa divina, ni estás llenas de Gracia. Tú eres la misma de la semana anterior. Tú eres la mujer que has pasado por una lucha contra ti misma y tu cuerpo. Tú eres la mujer que has salido vencedora. Tú eres la mujer que decidiste elegirte a ti sobre todo. Tú eres la mujer que has llevado el timón en el maremágnum de tu emociones. Tú eres la mujer que tiene el poder de perdonarte, tu eres capaz de cuidarte y escucharte para darte lo que necesitas.

A ti que te has dado cuenta de que eres mucho más que la comida, una talla o lo que los demás piensan de ti. Felices fiestas de corazón!!

Quiero dedicar este post a Noemí Conde. Gracias por estar en mi camino. Gracias por todo lo que aprendo de tu valentía cada día.

Fuente de la Imagen: Pinterest- Sammi Jean

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