porkys

De mayor quiero ser como ella

Salgo de la clase de spinning con las endorfinas por las nubes: la mezcla del “punchipunchipunchipunchi” al ritmo frenético del pedaleo y el sudor me elevan la autoestima, salgo convertida en una Beyoncé de la vida. Camino hacia el vestuario con cabeza alta y paso grácil con mi toalla al cuello a lo boa de cabaret.

Con garbo abro mi taquilla, cojo toalla, champú y gel y me voy a la ducha. Lalallalalalaaaaaaa!! Salgo como nueva!! Voy hacia la taquilla, introduzco la clave del candado para abrirla 4-1-4. Pero no gira. Otra vez. 4-1-4. Mierda!! No abre… Y allí estoy yo con mi toalla enrollada en la cabeza a lo faraona, chanclas,empapada y la cara de poema ¿Y ahora qué narices hago?

Una chica, que ha debido descifrar mi situación de angustia, se acerca y me comenta que no me preocupe, que va avisar a recepción para que abran mi taquilla. Uffff GRACIASSS!!! Así que me siento en un banquito del vestuario y espero.

Bridget Jones
Bridget Jones

A mi lado, una señora de unos 80 años esparce crema hidratante de manera relajada por todo su cuerpo desnudo: pies, piernas, culo, tripa, tetas, hombros, brazos. Se detiene con suavidad en los pliegues  de su piel, mimando cada arruga. Toda ella respira tranquilidad, me mira y sonríe amablemente.

La imagen es cautivadora, ese buen rollo con su cuerpo, con sus pechos caídos, con sus caderas anchas, con su cicatriz de cesárea, con sus piernas blanditas. Se observa en el espejo mientras recorre cada centímetro de su anatomía, conectando con ella misma.

De repente, empiezo a sentir envidia sana (si es que existe), me da envidia esa mujer que se ha fumado la pipa de la paz con su cuerpo, que disfruta de un ritual tan “tonto” como darse crema de una manera placentera, sin preocuparse por nada más que por ella y su bienestar.

Al fondo del vestuario, veo una chica joven salir de la ducha, se tapa con una toalla y se dirige a la taquilla de la esquina más escondida del vestuario. Rápidamente, intenta secarse y ponerse las bragas sin que se le caiga la toalla, haciendo movimientos extraños, dignos de manual.


Stoney 1969 - Barbara Bouchet Bonus 12

En esa sala, llena de mujeres desnudas me doy cuenta de las veces que nos encontramos con nuestro cuerpo y ni lo miramos, ni le hacemos caso, en realidad podríamos decir que ni lo conocemos. Y luego nos comparamos con las demás, hacemos la lista de la compra y pedimos a los Reyes: que queremos unas piernas más largas, menos celulitis, un culo más pequeño, una cintura más estrecha… Pedimos sin saber lo que tenemos, pedimos sin apreciar lo que ya hay. 

Yo de mayor no quiero ser la mujer del anuncio del serum anti-edad. Yo de mayor quiero ser como ELLA, ¡Sí!, como esa mujer de 80 años que me encuentro cada día en el vestuario del gimnasio contemplándose en el espejo desnuda con respeto y amor hacia cada lunar, arruga y mancha de su piel. 

Un ejercicio básico de autoconocimiento y que repito continuamente a mis clientas (soy bastante pesada con este tema) es que nos miremos en el espejo con calma, tomándonos nuestro tiempo para detenernos y mirar cada peca, cada curva, cada marca, cada línea. Ser conscientes de lo que somos es el primer paso para poder valorarnos.

¡Imagina si todo el tiempo que invertimos en compararnos con las demás o en intentar conseguir metas inalcanzables lo utilizáramos para centrarnos en sacar brillo y afianzar a lo que sí tenemos!

Pues eso es lo que haremos en el próximo Workshop #YourFriday en colaboración con el centro Happy Yoga Laforja; enfocar todas nuestras energías en nosotras mismas, limpiar creencias y pensamientos que nos limitan. Todo esto trabajando desde el cuerpo y la mente, combinando técnicas de asesoría de imagen con Yoga.

Este taller no está disponible en estos momentos, escríbenos   aquí y te avisaremos de próximas ediciones 

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