Imagen: The Juice Daily

¡Sacrifícate, maldita!

18.30 Spartans: 45 minutos de entrenamiento de alta intensidad para todo el cuerpo. Esta clase fue creada para satisfacer las metas de los guerreros urbanos modernos que quieren prepararse para sus aventuras diarias aumentando tenacidad, fuerza y  resistencia.

La sala del gimnasio está a reventar, como buena alumna primeriza observo el panorama: mis compañeros se saludan unos a los otros chocando la mano enérgicamente, en la clase reina un ambiente de coleguismo. Me siento fuera de lugar en ese club de cuerpos fitness, espaldas musculosas, abdominales impecables y gemelos torneados. <<¡Vamos Spartans!>> – grita la monitora- mientras todos aplauden como locos con ademán engorilado. Empezamos con varias series de repeticiones mortales, Work out del infierno, creo que me va a dar algo.  Mientras estamos dando una especie de saltos de rana palante y patrás me miro al espejo: soy sudor con cara de tomate, mi moño se ha deshecho y los pelillos se me pegan al cogote.

Quedan 30 minutos de clase. No voy a poder, pienso, pero sigo haciendo los ejercicios como puedo, arrastrándome cual alimaña tullida. Ahora toca recorrido militar, mientras me retuerzo haciendo abdominales mis compañeros me animan, <<¡Venga, tú puedes>>. Inexplicablemente empiezo a disfrutar del dolor en mis brazos y el temblor en mis piernas.  Me visualizo con una armadura y escudo empuñando una espada afilada. Soy Danaeris Targarian, soy Juana de Arco, soy Wonderwoman!!! Seeeeeehhhhhhhhh soy la puta ama!! Choco la mano a todos mis compañeros, colocada de oxitocina y adrenalina. Salgo de clase jadeando, cachonda perdida envuelta en mi sadomasoquismo.

Esfuérzate. Dalo todo. Déjate la piel. Exprímete. No pares. Lucha por lo que quieres. Nunca te rindas. Rendirse es de cobardes. Estas frases son el leitmotiv de nuestra vida. El dolor, lo duro y el castigo como placer están en auge.

Sin darnos cuenta le hemos cogido el gustito al látigo duro y los azotes, lo tenemos tan integrado en nuestro día a día que nos da la sensación de que si no nos dejamos la piel estamos haciendo algo mal. Si no te exprimes en el trabajo no mereces el éxito, si no te machacas duramente en el gimnasio no mereces quererte, si no te esfuerzas al máximo no mereces ser feliz. Sacrifícate maldita!!

Es cierto que ponernos metas y objetivos diarios nos ayuda a tener incentivos, nos aporta energía para poder seguir trabajando por lo que queremos, el tema es que si vivimos en un reto continuo conseguimos justamente lo contrario: acabamos agotadas.  Si no dejamos espacio para la flexibilidad en nuestra rutina diaria  nos pasamos la semana deseando de que llegue el finde, porque es ahí únicamente donde nos permitimos relajarnos.

Pero… ¿Por qué vivimos así si no nos sienta bien? Sería poco realista pensar que nosotras somos las únicas responsables de este estilo de vida cuando vivimos bajo las normas de una sociedad que premia la exigencia máxima y el sobresfuerzo. Nos hemos acostumbrado tanto a vivir en un estado Rotenmeller que si reducimos la marcha nos sentimos vagas, improductivas, egoístas e incluso locas ¿En serio voy a perder yo 5 minutos tumbada en la cama sin hacer nada para escucharme? ¿De verdad me voy a dar un baño si tengo millones de cosas que hacer? , ¡Qué irresponsabilidad la mía no contestar al móvil porque no me da la gana!, ¿Cómo puede ser que no me apetezca sonreír hoy? Mala madre, mala hija, mala trabajadora, mala chica saludable, mala amante, mala mujer.

La mayoría de nosotras simplemente intentamos dar lo que esta sociedad espera de nosotras. No queremos defraudar a nuestra pareja, nuestra familia, nuestra/o jefa/e y ese esfuerzo por llegar al nivel nos cuesta nuestro bienestar.

La clave del autocuidado está en el arte equilibrar la balanza para no pasar del triatlón a la fiesta desenfrenada. Aquí no hay nada escrito, cada una de nosotras podemos encontrar la mejor manera para, dentro de nuestras posibilidades, llevar la flexibilidad a nuestra rutina. Los parones obligados, como son las vacaciones de verano pueden ser un buen momento para hacer revisión de cómo estás y darte cuenta de cuál es tu relación con el esfuerzo. ¿Te estás superando a ti misma o es tu estilo de vida el que te está superando a ti?

Fotografía extraída de: The Juice Daily

Leave a Reply

Your email address will not be published.